jueves 13 de agosto de 2009

salud y pesetas, por 100 mujeres 200 tetas.

Pero también soy como una piedra de río, una redonda y viscosa piedra de río, que no lucha contra la corriente, pero que sin embargo, poco a poco es destinada a desaparecer por el agua que solo busca llegar al mar para dejar de ser agua dulce.

Un día decidí que esa agua dulce se conciba más pura, que en ella no exista más impurezas que su propia combinación química. Y empecé a beber.

Mi revelación llegó en una borrachera, mejor dicho en una resaca. Recuerdo que fue un lunes que fui a trabajar ebrio, llegué temprano, antes que nadie, me sentía bien por que aún estaba bajo el efecto del alcohol, había estado bebiendo desde el jueves, pero ese lunes mientras más pasaban las horas, la realidad, el agua dulce, chocaba contra mí, y un temblor se apoderaba de mis manos.

Mientras engrapaba las interminables hojas del archivo, trataba de recordar el exquisito sentimiento de ebriedad. Al terminar mi archivo me di cuenta que lo había hecho en su totalidad mucho más rápido que mis compañeros. Simplemente debido al hecho que la ansiedad generada por el licor no me permitía estar tranquilo y es ahí donde viene la epifanía de mi suicidio.

Ese lunes, decidí tomar todos los días, no dejaría que el hermoso sentimiento de ebriedad se aleje de mí; es como cuando uno cree estar enamorado y no queremos que esa persona se vaya de nuestro lado, por que sabemos que en el fondo ella no estará ahí, y no nos tocará más que masturbarnos.

Pero esto era mejor que el amor, esto era mío, era mi cuerpo, mi mente, mi ebriedad, eran mis manos las que introducían el alcohol en mi boca, era “yo y el universo”, era mi mente contra la lucidez absurda del mundo.

Hoy sé, que en la autodestrucción reside la esencia misma de la vida.

Siempre sufrí de insomnio, y en meses anteriores mi cuarto se encontraba infestado de pulgas, pero en estos días que he logrado apagar mi cerebro, ya no pensaba en nada y dormía tan bien que ni me acordaba como me había acostado. Y esto solo es uno de los grandiosos ejemplos que brinda el alcohol. En sus inmensos tallos pude cosechar varias experiencias: infinidad de sexo oral, anal, vaginal, insultar a personas despreciables; entre ellos a: policías, idiotas, hippies, punkeros, skiheads, blancoides, rubios, longos, judíos, abusivos, maricones, absurdos, jefes y empleados.

Poco a poco podía descubrir como las circunstancias se unían de tal forma que me daban las respuestas a la infinidad de vicisitudes de la vida, y descubrí que en el alcohol se escondía la respuesta a todo, pues lograba algo que solo el sexo, la música, la escritura, y ciertas drogas pueden. Logran que deje de pensar.

Por ejemplo un día mientras caminaba por las calles ebrio, pensaba en quien llamar para beber, y de repente frente a mí ¡un camión! Y en su parte posterior con grandes letras fosforescentes estaba escrito “Karina” entonces sabía a quien debía llamar.

Así mismo un día desesperadamente concurrí a un lugar que era mío, era tan mío por que ningún hijo de puta maricón podía encontrarme. Recuerdo claramente como ese día me metieron en una patrulla, recuerdo muy vivazmente cada golpe y agresión; pero hasta hoy me siento orgulloso de saber, que por lo menos una vez los policías me maltrataron, que por lo menos una vez, me choqué con la realidad, como una mosca que se choca contra algo que no ve, por lo menos una vez, yo fui aquel que dijo, esto no sirve para nada.

Hoy me encuentro aquí, sé que es un día soleado, pero no veo el sol. Hoy me encuentro aquí completamente ebrio terminando esta absurda historia, hoy me encuentro aquí tratando de encontrarme, tratando de encontrarme a mí a través de tus elogios, tratando de encontrarte a ti a través de mi pedancia.

Baño

El dolor de cabeza era tan intenso que Carlos no tuvo más remedio que levantarse de su cama.

Su cuarto, que apestaba a vino barato, solo nos da una explicación lógica a su dolor de cabeza. Teniendo ligeros recuerdos de lo que hizo la noche anterior, decidió bañarse. Al llegar al baño vio que la luz del baño estaba encendida y que la ducha estaba abierta. El agua salía profusamente, pero el no podía recordar, ni adivinar quien podía estar dentro.

A su mente le llego ligeras imágenes de rostros, pero ninguna lograba construir una certeza que aliviane si incertidumbre.

Sin lograr recordar decidió esperar y se sentó a ver la televisión. Entre las chacotas absurdas transmitidas en el televisor pasaron 45 minutos y Carlos aun no puede recordar quien esta adentro y tampoco por que se demora tanto.

Cogio su celular, pero su saldo estaba agotado, del convencional llamo a la casa de sus amigos y nadie estaba, llamo a su novia y hablaron 10 minutos pero él ni siquiera entiende de que hablan, su mente esta en el baño, su mente esta escuchado como cae el agua, sus ojos ven como el vapor sale por debajo de la puerta. ‘

Cuelga el teléfono, revisa en el piso, debajo de la cama y no encuentra ningún condón usado, no es sorpresa porque el nunca utiliza uno. Su desesperación crece y decide golpear la puerta. Dos golpes tímidos, pero nadie responde.

Golpea nuevamente, esta vez un poco mas fuerte, iba a golpear tres veces pero golpeo cuatro, pero aun nada.

Decide abrir la puerta, y mientras lo hace puede recordar todo, él en su embriaguez había querido bañarse, pero en su espera por agua caliente, se había quedado dormido.

Nadie estaba dentro, solo la ducha desfogando agua caliente. Decidió bañarse y mientras lo hacia y con el peso del agua se sintió alivianado, al secarse pensó:

“hubiera querido que hubiese sido alguien”

¿Y para qué el porque?

Tomando una perspectiva diferente de la ciudad, si tan solo pudiésemos ver desde los ojos de un perro, quizás así entenderíamos que realmente no sirve de nada la propaganda electoral, pero lamentablemente el uso de este tipo de propaganda nos inserta, querámoslo o no, en una vida política. Digo esto desde mi punto de vista, desde el cual me enerva ver rostros sonrientes, facciones amables, colores alegres, miradas que intentan transmitir esperanza o alguna sensación desconocida.

Desearía poder alejarme completamente de este sentimiento de repulsión, quisiera ser completamente apático ante esto, pero en mi imposibilidad de hacerlo reside el hilo que en cierta forma me conecta con la ciudad y con estos personajes despreciables.

Seria imposible que yo intente darle a este ensayo una porción de ideología, por que realmente no creo en la existencia de ésta y peor aun en asuntos políticos. La propaganda política confirma la regla de que cada uno tira por su lado y que la política izquierdista quedo para los quinceañeros mentales.

“La sensación es dudosa en la medida en que no es clara y distinta.”[1]

Aun pertenecemos a una sociedad marcada por la necesidad de poder, querer brindarnos democracia resulta una burla, y la burla somos todos, por que en esta vida nadie tiene las respuestas de nada.

Pero en las elecciones comenzamos a pensar, en que quizás hay algo que nosotros no sabemos, quizás en este entramado absurdo, solo somos pocos los únicos que aun no nos hemos dado cuenta de que es necesaria la imposición de poderes, para poder vivir en armonía.

La propaganda demuestra este poder, lo exalta a su máxima expresión, ahí es donde esta la representación mas viva de que aun hay algo que no cuadra, pero que sin embargo no nos importa, por que quizás somos nosotros.

¿Por qué no esperar al “porque”?

Así vamos recorriendo las calles, así vamos a las elecciones y así iremos al entierro de los nuestros. No podemos eliminar de nuestras mentes la idea de que algo esta mal, no podemos pasar por la vida con la completa seguridad de que existimos, de que pensamos, de que elegimos por nosotros mismos.

Millones y millones de pancartas, volantes, videos, banderas, mensajes radiales, cadenas de correos electrónicos, banners en el Internet, se realizan todos los días en el mundo y millones y millones de personas alegremente persiguen a un rostro, a una frase, a un símbolo. Se realizan protestas, marchas, la gente se aglutina, grita, cantan en coro, pensando que siguen un proyecto, una revolución.

Los ganadores sonríen, dan discursos bonitos, prometen aun cuando ya no es necesario, y los perdedores hacen lo mismo, nada importa ya, porque los dos lados de la moneda son iguales.

Después del discurso, la gente se va reuniendo en pequeños grupos, casi todos tienen su botella de canelazo, la gente se comienza a embriagar, una que otra pelea surge, dejan bailar, y poco a poco vuelve a aparecer las propagandas, votadas en el piso y todos las pisamos. La ciudad vuelve a su normalidad, se acabo la emoción de creer que estamos tomando una decisión.

Ahí es donde la propaganda electoral se toma a la ciudad, se inserta en nuestras vidas, se quedan coladas en nuestras mentes por que aun vemos los rostros de los elegidos y los perdedores, aun leemos sus eslóganes, aun vemos los colores de esperanza, entre la multitud, entre la lluvia, entre el smog.

Si antes la propaganda electoral se nos colaba sin que nosotros pudiésemos hacer algo al respecto, ahora que se acabo ya no nos importa, ya nos da igual, las vemos como basura, logramos reconocer un rostro entre la basura, pero igual es solo basura, la decisión ya fue tomada.

“La diferencia entre una democracia y una dictadura es que en una democracia, primero votas y después recibes órdenes. En una dictadura no tienes que perder el tiempo votando”[2]

Comenzamos a sentirnos un poco más tranquilos, dejamos a un lado la vida política, comenzamos a recibir lo que nos merecemos.

Nos merecemos una completa farsa por que eso es lo que queremos, queremos creer, necesitamos tener la mirada de un dios, que nos de la ilusión de que manejamos nuestras vidas. En la propaganda nos ruegan por un voto, sus miradas son humildes y honestas, logran con sus sonrisas conquistar nuestras supuestas esperanzas.

Si recorremos las carreteras de nuestro país, encontramos casas donde aun se percibe el color, o el numero, o el rostro que represento un partido político que en el pasado prometió un cambio, prometió “pan, techo y empleo”, prometió “socialismo o muerte”, hoy cambian las frases, cambian los colores, los números y los rostros, y ahí se cumple la promesa de cambio, una promesa que va mas allá del deseo de los que elaboran la promesa, el cambio esta ahí, el cambio es inevitable, el cambio no puede desaparecer por que la vida no seria vida sin cambio, y todo sigue siendo lo mismo.

El voto es secreto

Doy mi cedula, me muestran el cubículo donde voto, abro las papeletas, veo nuevamente las caras sonrientes, todos juntos, uno a lado del otro, un arco iris de mil colores, montones de números, yo los veo papeleta por papeleta y después voto.

Deposito las papeletas, deposito mi voto, mi decisión, todo un gran secreto, pero es secreto por que a nadie le importa, ni a mi, ni al presidente de junta, ni al militar de la puerta, ni a todo el comprimido de gente que se reúne para ejercer su supuesta decisión secreta.

Ahí esta la palabra importante, secreto ¿secreto de qué? Secreto de opinión, o secreto de manipulación, secreto para mantener la unión de una masa completamente desapegada.

Se regalan cuadernos para aprender a votar, se dictan cursos, nos dan democracia hasta por el culo, no podríamos decir que no hay democracia. Si quisiésemos justificar las desgracias de nuestras vidas políticas con frases como “no hay democracia” caeríamos en un grave error, por que la democracia existe y domina, hasta nos gusta por que aliviana nuestro deseo de apatía, no lo satisface por que eso es imposible, solo disimula por un lapso efímero nuestra hipocresía. La hipocresía de que nos importa el cambio, de que la vida puede ser él mas hermoso sueño, donde la justicia prevalezca, donde todos somos iguales, donde todos somos felices juntos en un lindo país, de gente amable y sincera.

Aun en ciertas calles de la ciudad se puede ver propagandas de otras contiendas electorales, están ahí las caras de los héroes del pasado, perduran en el tiempo pintadas en las paredes de las casas. Nos sigue sonriendo desde el pasado, nos quieren llevar a pensar algo, pero……



[1] La estetica hoy; Jacques Aumont; ediciones Catedra; Capitulo II; pag: 61

[2]Pensamiento de Charles Bukowski; escritor y poeta estadounidense.