Pero también soy como una piedra de río, una redonda y viscosa piedra de río, que no lucha contra la corriente, pero que sin embargo, poco a poco es destinada a desaparecer por el agua que solo busca llegar al mar para dejar de ser agua dulce.
Un día decidí que esa agua dulce se conciba más pura, que en ella no exista más impurezas que su propia combinación química. Y empecé a beber.
Mi revelación llegó en una borrachera, mejor dicho en una resaca. Recuerdo que fue un lunes que fui a trabajar ebrio, llegué temprano, antes que nadie, me sentía bien por que aún estaba bajo el efecto del alcohol, había estado bebiendo desde el jueves, pero ese lunes mientras más pasaban las horas, la realidad, el agua dulce, chocaba contra mí, y un temblor se apoderaba de mis manos.
Mientras engrapaba las interminables hojas del archivo, trataba de recordar el exquisito sentimiento de ebriedad. Al terminar mi archivo me di cuenta que lo había hecho en su totalidad mucho más rápido que mis compañeros. Simplemente debido al hecho que la ansiedad generada por el licor no me permitía estar tranquilo y es ahí donde viene la epifanía de mi suicidio.
Ese lunes, decidí tomar todos los días, no dejaría que el hermoso sentimiento de ebriedad se aleje de mí; es como cuando uno cree estar enamorado y no queremos que esa persona se vaya de nuestro lado, por que sabemos que en el fondo ella no estará ahí, y no nos tocará más que masturbarnos.
Pero esto era mejor que el amor, esto era mío, era mi cuerpo, mi mente, mi ebriedad, eran mis manos las que introducían el alcohol en mi boca, era “yo y el universo”, era mi mente contra la lucidez absurda del mundo.
Hoy sé, que en la autodestrucción reside la esencia misma de la vida.
Siempre sufrí de insomnio, y en meses anteriores mi cuarto se encontraba infestado de pulgas, pero en estos días que he logrado apagar mi cerebro, ya no pensaba en nada y dormía tan bien que ni me acordaba como me había acostado. Y esto solo es uno de los grandiosos ejemplos que brinda el alcohol. En sus inmensos tallos pude cosechar varias experiencias: infinidad de sexo oral, anal, vaginal, insultar a personas despreciables; entre ellos a: policías, idiotas, hippies, punkeros, skiheads, blancoides, rubios, longos, judíos, abusivos, maricones, absurdos, jefes y empleados.
Poco a poco podía descubrir como las circunstancias se unían de tal forma que me daban las respuestas a la infinidad de vicisitudes de la vida, y descubrí que en el alcohol se escondía la respuesta a todo, pues lograba algo que solo el sexo, la música, la escritura, y ciertas drogas pueden. Logran que deje de pensar.
Por ejemplo un día mientras caminaba por las calles ebrio, pensaba en quien llamar para beber, y de repente frente a mí ¡un camión! Y en su parte posterior con grandes letras fosforescentes estaba escrito “Karina” entonces sabía a quien debía llamar.
Así mismo un día desesperadamente concurrí a un lugar que era mío, era tan mío por que ningún hijo de puta maricón podía encontrarme. Recuerdo claramente como ese día me metieron en una patrulla, recuerdo muy vivazmente cada golpe y agresión; pero hasta hoy me siento orgulloso de saber, que por lo menos una vez los policías me maltrataron, que por lo menos una vez, me choqué con la realidad, como una mosca que se choca contra algo que no ve, por lo menos una vez, yo fui aquel que dijo, esto no sirve para nada.
Hoy me encuentro aquí, sé que es un día soleado, pero no veo el sol. Hoy me encuentro aquí completamente ebrio terminando esta absurda historia, hoy me encuentro aquí tratando de encontrarme, tratando de encontrarme a mí a través de tus elogios, tratando de encontrarte a ti a través de mi pedancia.